-Abrázame-dice él.
-Dame fuego-dice ella, con el cigarro entre los labios.
Alarga el brazo y le pasa el mechero, el rojo, el de ligar, aunque esta vez no le sirva de mucho. Ella se enciende el cigarro y se lo devuelve.
-¿Por qué tienes un mechero si no fumas?-dice ella con el humo aún dentro.
-Para que me lo pidas.
-Predecible-expulsa el humo.-yo no abrazo-
Silencio, grillos, noche, tabaco. Miran al horizonte, con frío y con las rodillas pegadas al pecho.
-Tú no abrazas, yo no fumo, sin duda estamos hechos el uno para el otro.
Se besaron, con mucho amor y poco humo.
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