"Las cosas aparecen si no las buscas y así es como llegaste tú."

domingo, 17 de abril de 2016

401 kilómetros, 4 horas, 5 años.

Hablemos de tiempo, del tiempo perdido y las horas pasadas sin tenerlos, sin abrazarlos. Hablemos de la distancia que día a día, sin quererlo ni beberlo nos hace más fuertes.
401 kilómetros, 4 horas, 5 años, y aún no soy consciente. ¿Es normal? No sé, pero esto va de mucho más que de números y cálculos, porque al fin y al cabo el echar de menos no se cuenta.

Todo surge de un impulso, a partir de un "¿y si..?" y terminado en otro "¿y por qué no?". No piensas, actúas, porque te apetece, porque te apoyan y tu cabeza no da para otra cosa que no sea: billete, maleta, futuro. Entonces imprimes el billete, cierras la maleta, piensas en el futuro y te vas, y te despides, sonríes, subes, te alejas, cada vez más, y más, y más... 5 años, 4 horas, 401 kilómetros.


Pero el problema no es ese, no me preocupan las despedidas, aunque cueste no cambiar la expresión desde que los miras hasta que dejan de verte a través del cristal tintado del tren, mientras agitan la mano con la sonrisa de alguien que se encuentra entre la espada y la pared. El problema es que las personas crecen, se educan en su entorno, y mi entorno dejó de ser el mismo desde la primera vez que me fui. Ahora no puedo evitar sentir rabia, porque a pesar de haber aprendido miles de cosas, de haberme convertido en lo que soy, sigo pensando que me faltan trocitos de vida a su lado, y yo ya no se si eso se puede recuperar. Siento no haberles abrazado más, no haberles demostrado cuando volvía lo mucho que me habían hecho falta, lo mucho que les agradezco todo lo soy. Se que mis llamadas a casa no son proporcionales a lo muchísimo que les quiero, porque mira que les quiero...


Se que debería seguir pensando en mi futuro, pero os confieso que últimamente pienso más en mi pasado, en lo que debería haber sido, hecho, dicho, sin darme cuenta de que realmente es al presente al que me debo aferrar, al fin y al cabo el futuro es demasiado ambiguo y el pasado es solo eso, pasado. Han sido 5 años ya, en los que esos 401 kilómetros han sido mi barrera y a la vez mi empujón a seguir, 4 horas de pensar, que me tranquilizan, me mentalizan... y aun así mírame, estoy más confundida que al principio, y de los miles y millones de caminos que existen no se cual coger. De momento escogeré el de salir y no conformarme, por lo que pueda pasar. ¡Ah! y también el de las personas por las que seguiré teniendo la pieza del puzzle vacía a falta de completar para cuando vuelva, a verles, a abrazarles y a quererles como les quiero.


De una cosa si que estoy segura, y es que 5 años, 401 kilómetros y 4 horas para mí ya no son nada.


jueves, 5 de febrero de 2015

¿Cómo?

Como el primer sorbo al café por la mañana, o a la cerveza un viernes en el bar de siempre. Con ganas, sin pensar. Como los días lluviosos en verano y el sol en la nieve. Como los libros nuevos, y los viejos, las cosquillas en la espalda, las duchas con agua muy caliente, el olor a palomitas, como esa canción que pones una y otra vez y que parece que está compuesta única y exclusivamente para ti. Como dormir sin despertador, emborracharse, tocarse, gritar de felicidad, tirarte a la piscina, correr hacia ninguna parte, llorar porque sí, reír, soñar. Como vivir y no pensar.
Así eres tú.

jueves, 22 de enero de 2015

Y así.

Que asco me dan las despedidas. Que irónico el saber que cada vez tenga que soportarlas más. Que asco, que ganas de parar quieta, en un sitio, pero con ellos, con todos. Me gusta soñar, por si no quedaba bastante claro. Me gusta soñar y que me quiten el sueño, pero solo si se que al día siguiente me voy a levantar con ganas de abrir los ojos, que ya es decir. Ella me dice que merece la pena, yo cada vez creo menos, tú cada vez dueles más. Y llenas la maleta más de la cuenta por si las moscas, coges el billete, besas, no lo suficiente, sonríes y luego paras de hacerlo cuando dejan de mirar. Dicen que si lo quieres debes dejarlo ir, entonces mentiré diciendo que no les quiero nada.

viernes, 9 de enero de 2015

A la misma hora, en el mismo sitio.

Creo que llegar tarde sigue siendo la mejor opción, que la lluvia nunca duele si es bajo tu techo, o tu pecho y que los abrazos largos saben mejor si son sin razón. Que lo fácil es llegar y lo difícil mantenerse, sobretodo si es mirarte a los ojos sin mostrar una pizca de debilidad, o de maldad, aunque en realidad no tenga. Las horas pasan, el fuego seguirá quemando y el frío acabará siendo la mejor opción, porque ablanda, porque dan ganas de frenar, de 5 minutos más de la cuenta, de llegar tarde, pero de llegar, y abrazarte, de que llueva y lo que surja, de abrazarte otra vez, y otra vez, y otra vez...

domingo, 6 de julio de 2014

De fondo a fondo

Mira, hacemos un trato: cuando nos miremos a los ojos lo haremos por necesidad y no porque nos guste, que la educación es lo primero ya lo sabes. Lo segundo serán las palabras, no quiero ni rastro de debilidad, no quiero sinceridad porque la tuya me hace flojear y no me lo puedo permitir a estas alturas. Me apetece llamarte por tu nombre, los motes cariñosos están sobrevalorados y yo no quiero sobres de ningún tipo, mas bien porque no creo que esté a la altura y tampoco lo quiero estar. Ahora, no me digas te quiero, no me abraces con fuerza porque me duele, aunque se que a ti te dolerá no hacerlo, no me hables de futuro y de felicidad eterna que yo quiero volar, así tal cual, donde me pille. Y si no vuelo pues me caigo y me levanto y allí estaré, "a la misma hora, en el mismo sitio", inventándome unas alas nuevas.
En fin, deja que sea yo misma, con mis mas y mis menos, aunque de los últimos tenga mas, vamos a llevarnos bien y a querernos en el fondo, porque si te soy sincera, yo eso ya no lo puedo evitar.

jueves, 8 de mayo de 2014

[...]

Y ahora que nadie me ve, aprovecho para coger todo lo que pille y arrojarlo por la ventana, incluidas las fotos, los armarios, los espejos, que no sirven para otra cosa que para poner forma a los sentidos y encima, describirlos mal. También voy a tirar las sonrisas forzadas y las inversas, que son las peores, los dolores no, que esos no se van ni echándolos y bueno, vosotros os quedais, porque sí, y se acabó.

viernes, 2 de mayo de 2014

Cabezas con título de ave.

A veces noto que me sobra el cuerpo, y otras que me falta por todas las cosas que querría que pasaran por él. Es así como cuando corres y te falta el aire, cuando haces todo lo posible para que te entre todo de golpe y recuperarte de una vez. Es así, puede que sea una mezcla entre ambición, poca paciencia y dolor. Sí, duele un poco la verdad, más la cabeza que otra cosa, pero es que ella se lleva la peor parte. Si las cabezas tuviesen alas la mia habria emprendido vuelo hace bastante tiempo y mi cuerpo se habria quedado en cualquier parte porque sin ella no es nada. Bastantes cabezas voladoras se habrian quedado agustito en sus respectivos cuerpos, cobijadas por eso que ahora está tan de moda ¿cómo se decía? Ah si, puras apariencias repletas de inseguridades tapadas por ropa de Zara, Bershka o que se yo. El caso es que mi cabeza quiere a las nubes de casa y yo por desgracia no se aun como llegar a ellas, y cuando digo aun digo que mañana será otro día. Uno más o uno menos para los pesimistas. Para mi, en cambio, es otro billete de tren, otro 0 esperando a que lo convierta en matricula de honor, de aire y de mucha vida.