Como el primer sorbo al café por la mañana, o a la cerveza un viernes en el bar de siempre. Con ganas, sin pensar. Como los días lluviosos en verano y el sol en la nieve. Como los libros nuevos, y los viejos, las cosquillas en la espalda, las duchas con agua muy caliente, el olor a palomitas, como esa canción que pones una y otra vez y que parece que está compuesta única y exclusivamente para ti. Como dormir sin despertador, emborracharse, tocarse, gritar de felicidad, tirarte a la piscina, correr hacia ninguna parte, llorar porque sí, reír, soñar. Como vivir y no pensar.
Así eres tú.
jueves, 5 de febrero de 2015
¿Cómo?
jueves, 22 de enero de 2015
Y así.
Que asco me dan las despedidas. Que irónico el saber que cada vez tenga que soportarlas más. Que asco, que ganas de parar quieta, en un sitio, pero con ellos, con todos. Me gusta soñar, por si no quedaba bastante claro. Me gusta soñar y que me quiten el sueño, pero solo si se que al día siguiente me voy a levantar con ganas de abrir los ojos, que ya es decir. Ella me dice que merece la pena, yo cada vez creo menos, tú cada vez dueles más. Y llenas la maleta más de la cuenta por si las moscas, coges el billete, besas, no lo suficiente, sonríes y luego paras de hacerlo cuando dejan de mirar. Dicen que si lo quieres debes dejarlo ir, entonces mentiré diciendo que no les quiero nada.
viernes, 9 de enero de 2015
A la misma hora, en el mismo sitio.
Creo que llegar tarde sigue siendo la mejor opción, que la lluvia nunca duele si es bajo tu techo, o tu pecho y que los abrazos largos saben mejor si son sin razón. Que lo fácil es llegar y lo difícil mantenerse, sobretodo si es mirarte a los ojos sin mostrar una pizca de debilidad, o de maldad, aunque en realidad no tenga. Las horas pasan, el fuego seguirá quemando y el frío acabará siendo la mejor opción, porque ablanda, porque dan ganas de frenar, de 5 minutos más de la cuenta, de llegar tarde, pero de llegar, y abrazarte, de que llueva y lo que surja, de abrazarte otra vez, y otra vez, y otra vez...