Hablemos de tiempo, del tiempo perdido y las horas pasadas sin tenerlos, sin abrazarlos. Hablemos de la distancia que día a día, sin quererlo ni beberlo nos hace más fuertes.
401 kilómetros, 4 horas, 5 años, y aún no soy consciente. ¿Es normal? No sé, pero esto va de mucho más que de números y cálculos, porque al fin y al cabo el echar de menos no se cuenta.
Todo surge de un impulso, a partir de un "¿y si..?" y terminado en otro "¿y por qué no?". No piensas, actúas, porque te apetece, porque te apoyan y tu cabeza no da para otra cosa que no sea: billete, maleta, futuro. Entonces imprimes el billete, cierras la maleta, piensas en el futuro y te vas, y te despides, sonríes, subes, te alejas, cada vez más, y más, y más... 5 años, 4 horas, 401 kilómetros.
Pero el problema no es ese, no me preocupan las despedidas, aunque cueste no cambiar la expresión desde que los miras hasta que dejan de verte a través del cristal tintado del tren, mientras agitan la mano con la sonrisa de alguien que se encuentra entre la espada y la pared. El problema es que las personas crecen, se educan en su entorno, y mi entorno dejó de ser el mismo desde la primera vez que me fui. Ahora no puedo evitar sentir rabia, porque a pesar de haber aprendido miles de cosas, de haberme convertido en lo que soy, sigo pensando que me faltan trocitos de vida a su lado, y yo ya no se si eso se puede recuperar. Siento no haberles abrazado más, no haberles demostrado cuando volvía lo mucho que me habían hecho falta, lo mucho que les agradezco todo lo soy. Se que mis llamadas a casa no son proporcionales a lo muchísimo que les quiero, porque mira que les quiero...
Se que debería seguir pensando en mi futuro, pero os confieso que últimamente pienso más en mi pasado, en lo que debería haber sido, hecho, dicho, sin darme cuenta de que realmente es al presente al que me debo aferrar, al fin y al cabo el futuro es demasiado ambiguo y el pasado es solo eso, pasado. Han sido 5 años ya, en los que esos 401 kilómetros han sido mi barrera y a la vez mi empujón a seguir, 4 horas de pensar, que me tranquilizan, me mentalizan... y aun así mírame, estoy más confundida que al principio, y de los miles y millones de caminos que existen no se cual coger. De momento escogeré el de salir y no conformarme, por lo que pueda pasar. ¡Ah! y también el de las personas por las que seguiré teniendo la pieza del puzzle vacía a falta de completar para cuando vuelva, a verles, a abrazarles y a quererles como les quiero.
De una cosa si que estoy segura, y es que 5 años, 401 kilómetros y 4 horas para mí ya no son nada.
